domingo, 26 de julio de 2015

Tsipras se vende a la Troika:

Debacle total del “nuevo reformismo”
LA GRAN TRAICIÓN
TSIPRAS, DE LA “ESPERANZA” DE LA IZQUIERDA A NUEVO AGENTE DE LA TROIKA EN GRECIA

Alexis Tsipras ha resultado una estrella fugaz. Llegó al gobierno prometiendo que acabaría con la austeridad. Posó como David enfrentándose al goliath europeo. Mareó la perdiz durante meses. Convocó un referéndum que enfureció a los poderes dominantes. Todo para finalmente venderse, burlarse de la decisión popular y aceptar condiciones peores que las que estaban sobre la mesa cuando se levantó de la negociación. Es necesario sacar todas las lecciones de lo sucedido.

Humillada por el referéndum, la Troika humilla a Grecia en venganza
Apenas acababa de completarse el recuento de los votos en el referéndum del 5 de julio y ya el gobierno griego se rendía incondicionalmente en Bruselas. Tsipras volvía a Grecia trayendo un acuerdo peor aún que el que se le ofrecía el 25 de junio, antes del lío. Consiguió que el Parlamento se lo aprobase el día 11. Esta votación, que significó que Grecia abandona su soberanía, también significó el final del gobierno “antiausteridad”. Tsipras perdió la mayoría absoluta porque Syriza se rompió (el socio de gobierno ANEL votó sin fisuras la rendición). La medida se saca adelante con los votos de los partidos del ajuste, ND, PASOK y To Potami, frente a los votos en contra y abstenciones de la izquierda de Syriza, KKE (Partido Comunista Griego) y XD (Amanecer Dorado, nazis). Pero lo peor estaba por llegar.
Lo que planteó la nueva cumbre del euro del día 12 era una humillación en toda regla. Grecia debía aumentar su IVA, incluso para el turismo, recortar más el sector público (bajar sus salarios y más despidos), recortar de nuevo las pensiones, “reformar las relaciones laborales” (es decir, reducir el poder de negociación de los sindicatos y facilitar los despidos colectivos) y crear un fondo presidido por un griego pero supervisado por las “instituciones” (el nuevo nombre de la Troika) para privatizar lo que queda por privatizar. Todo esto había que hacerlo rápido, con plazos fijados por el Eurogrupo. Pero hacerlo no garantizaba dinero, sólo era la precondición para comenzar la negociación de cara al tercer rescate, que en cualquier caso no incluirían ni reestructuración ni quitas de la deuda (Varufakis hace un análisis penetrante frase por frase del texto en su blog personal)
Por lo visto, parece que realmente Tsipras creía que la celebración de un referéndum iba a ablandar el corazón de los acreedores. Tras la victoria aplastante, incluso se permitió un gesto “conciliador” destituyendo a Varufakis, el ministro que ha tenido al menos el mérito de ganarse el odio de todos los poderes de Europa. Pero no. Cuando el nuevo ministro de economía, Euclid Tsakalotos, llegó al Eurogrupo se encontró con la hostilidad general y sobre todo con que Schläube, el ministro de finanzas alemán, que es el que allí parte el bacalao, estaba decidido a forzar la aceptación de un nuevo plan de austeridad fortísima junto al tercer rescate, o echar a Grecia del euro. Porque lo que les importa no es ya que Grecia pague. Los verdaderos acreedores ya cobraron (los bancos privados que prestaron dinero a Grecia), aunque con una pequeña quita. La deuda ahora está en manos de los estados, es decir, que son los contribuyentes europeos los que perderían dinero. ¿Esto les va a preocupar a los gobiernos del euro que han tomado a cargo de esos mismos contribuyentes las deudas de sus propios bancos? ¿Les preocupa a los estados español, francés, italiano, incluso alemán, perder dinero porque Grecia no les pague sus deudas? ¿Les ha importado acaso salvar a sus propios bancos tirando dinero que saben que nunca recuperarán? A fin de cuentas están planteando prestarle dinero a Grecia con unas condiciones “super ventajosas”: bajas tasas de interés, larguísimos períodos de maduración... es que le prestan dinero para que paguen los intereses de los anteriores préstamos. Se presta para devolver lo anteriormente prestado, mientras Grecia se endeuda más y más. Esto lo vimos en América Latina y ahora lo vemos en Europa. No, los gobiernos europeos no actúan motivados por la prisa por recuperar su dinero (salvo algunos como Malta, Estonia, Eslovaquia o Eslovenia, que no pintan nada). De lo que se trataba ahora era de humillar al pueblo Griego, que no sólo ha sido el primero en Europa en elegir un gobierno antiausteridad sino que, a pesar del chantaje del cierre bancario provocado por el Banco Central Europeo y de la avalancha propagandística desde los medios, se expresó rotundamente contra las autoridades europeas en el referéndum.
Ante este muro de intransigencia, Tsipras se quedó sin más ases en la manga. Y capituló de nuevo.
Salió de la cumbre habiendo acordado poner a votación en el parlamento griego en un plazo de 72 horas el nuevo acta de sumisión. Hacían falta dos votaciones más, celebradas los días 16 y 23. Ha tenido que reestructurar el gobierno, echando a los ministros de la Plataforma de Izquierdas de Syriza. Como ha sido buen chico, el Banco Central Europeo afloja la presión y los bancos se reabren. Yanis Varufakis y también Paul Krugman, como cientos de miles de tuiteros griegos, tienen razón: denominan a lo ocurrido “un golpe de estado”.
Sin un sólo tiro, Grecia se ha convertido aún más en un protectorado de la Unión Europea. En el Parlamento Griego se vota lo que diga Bruselas. Nadie piensa que el acuerdo sea bueno, ni siquiera que tenga sentido. El informe del Fondo Monetario Internacional dice que es de imposible cumplimiento y que es necesario hacer una quita de la deuda. El mismo Tsipras admite que se trata de un plan que va a empeorar aún más la situación económica de Grecia sin por ello avanzar en liberarse de la carga de la deuda. Ha pedido que se apoye no por sus virtudes intrínsecas sino porque no hay otra salida.

Syriza: el paradigma del neorreformismo europeo: política “popular” sin tocar el capitalismo ni el euro
Syriza se fundó en 2004, con Synaspismos (el ala neo-eurocomunista del Partido Comunista Griego) y grupos ex revolucionarios que giraban rápidamente a la derecha: los maoístas del KOE y los seudotrotskystas de las diversas tradiciones de Militant y una escisión de los cliffistas, hoy convertidos en la representación extraoficial del Secretariado Unificado (SU).
No es el único país donde se ha formado esta variante de “nueva izquierda”. En Francia el "Front de la Gauchees la unión del grupo de Mélenchon, escindido de los socialistas, el PCF y gente desgajada de la exLCR por la derecha. En Portugal el Bloco de Esquerda es la unión de un grupo exmaoísta, del PSR (SU) y de una escisión “renovadora del PCP. A pesar de no reivindicarse siquiera de la izquierda, en España Podemos es lo mismo: un núcleo de gente exPCE y exIU (Iglesias, Errejón, Monedero) y Anticapitalistas (SU). Lo mismo en Italia con Rifondazione, en Alemania con Die Linke, en Dinamarca, en Escocia, etc,etc.
Todos se presentan como una “nueva izquierda”, distinta de la socialdemocracia pero también de los partidos comunistas tradicionales (aunque muchas veces éstos forman parte y en el Parlamento Europeo suelen entrar en el mismo grupo, el de la Izquierda Europea, GUE-NGL). Tienen un lenguaje “moderno”, más o menos desvinculado del “obrerismo” tradicional, son “ecologistas”, “feministas”... Están formados con los mismos ingredientes: sectores stalinistas que hablan mucho de Gramsci, de Althusser, de Poulantzas, procedentes de los PC´s o del maoísmo; y el SU (ahora se llaman “Comité Internacional de la IVª Internacional”) que renegaron del trotskysmo en nombre de constituir “partidos anticapitalistas” amplios, no revolucionarios. Es el mismo vocabulario, “contra el dogmatismo”, “convergencia”, “diversidad”. Y la misma política real: electoralismo, lucha por la “democracia” en lugar de por el socialismo, capitulación al euro, programa económico keynesiano.
La diferencia es que esta es la primera vez que uno de ellos llega al gobierno y pone en práctica su programa. De modo que todo el mundo ha podido ver que los revolucionarios no exageramos cuando decimos que no hay ningún espacio para una política reformista en la actual situación del capitalismo. O se es un agente de la austeridad o se rompe con la burguesía. Pero este neorreformismo está tan lejos de hacer esto como de viajar a la Luna.

¿No había otra alternativa? ¡salir del euro y de la UE para implementar una política socialista!
Tsipras en ningún momento ha dicho que el acuerdo sea bueno. Todo lo contrario. Lo está vendiendo como una imposición, como un acuerdo nefasto. Cuando pide que se acepte no lo hace por sus virtudes intrínsecas sino porque “la alternativa sería peor”. La alternativa sería salir del euro, la “Grexit”.
La Troika y sus ecos mediáticos presentan la Grexit como la catástrofe total. Y el pueblo griego les cree: en 2012 y luego en 2015 votaron masivamente a Syriza (que previamente no sólo no era mayor que el KKE sino que no destacaba siquiera sobre los grupos que hoy forman ANTARSYA). No fue sólo por su campaña “por un gobierno de izquierdas que rompa con la austeridad” (que por cierto, al final se ha convertido en “por un gobierno “de salvación nacional” en coalición con la derecha que aplique la austeridad”). Fue porque frente al resto de la izquierda, prometían parar la austeridad sin salir del euro. Algo que parecía menos “radical” aunque se ha demostrado radicalmente imposible. Incluso muchos votantes del no querían seguir en el euro. Así nos encontramos con que, en lugar de ser el primer gobierno europeo elegido sobre la base de enfrentarse a la austeridad el que amenace con salir del euro, es el ministro de finanzas alemán el que blande la amenaza de echar a los griegos.
Tsipras está convencido de que hay que seguir en el euro. Como ha revelado Varufakis tras salir del gobierno, ningún plan B para salir del euro fue siquiera discutido, a pesar de que el propio Varufakis presentó uno, porque era algo que Tsipras ni contemplaba.
Pero salir del euro es algo totalmente razonable. No hace falta ser un revolucionario socialista, hay muchos burgueses que lo ven como necesario -en Grecia los fascistas de Amanecer Dorado, pero en los Estados Unidos los Nobel de economía, los “progresistas” keynesianos Krugman y Stiglitz.
Desde luego, salir del euro no sería indoloro. Pero seguir en él tampoco lo es. Salir del euro es una premisa necesaria para comenzar una política verdaderamente socialista. Además es posible.
Los encubridores de la traición se están empleando a fondo para justificar a Tsipras. Plantean como una maniobra táctica hábil para ganar tiempo no haber salido del euro cuando el BCE les forzó al corralito pero el referéndum mostró el gran apoyo popular que tendría un enfrentamiento total con la Troika. Hay quien compara la firma del pacto de austeridad ¡con la firma del tratado de Brest-Litovsk por los bolcheviques! Éste fue un tratado muy penoso que los bolcheviques firmaron con Alemania para poder mantener el poder obrero. Y salió bien: todas las concesiones fueron recuperadas al poco tiempo con el estalllido de la revolución en Alemania. Pero en Grecia no hay un gobierno de los trabajadores, hay un gobierno burgués, un gobierno de “izquierda” defensor del capitalismo. No hay comparación posible, no ha sido una retirada para salvar la revolución sino para descabezarla.
No hablamos gratuitamente de revolución. En Grecia hay una situación prerrevolucionaria que evoluciona a hacerse abiertamente revolucionaria. Donald Tusk, presidente de la Comisión Europea, lo ha declarado al financial Times.
La alternativa socialista es posible. La clase trabajadora podría llegar al poder a corto plazo. Una vía posible sería la de la constitución de un frente único con la Plataforma de Izquierdas (que previamente tiene que romper con Syriza), el KKE y ANTARSYA que constituya un gobierno de los trabajadores. Este gobierno podría inmediatamente aplicar medidas de emergencia en favor de los desfavorecidos.
Cuando el poder estatal está en manos de los trabajadores, cuando este poder estatal no tenga ningún miramiento con los capitalistas, hay muchos recursos que podrá usar. Por ejemplo, los capitalistas griegos (incluyendo muchos exministros de ND y PASOK) tienen en cuentas suizas tantos millones como concede este tercer rescate. Ahí está gran parte de la inmensa fuga de capitales que ha sufrido el país desde la victoria electoral, ya que no ha habido ningún control.
Se dice que si se denuncia la deuda no se encontrará financiación. Pero el resultado de los Memorandos es que Grecia ha conseguido cifras de un 4% de excedente primario (exceso de los ingresos sobre los gastos del estado antes de pagar los intereses de la deuda); si se decide el no pago, esto se quedaría en el país y serían recursos del estado para invertir. Etc, etc, es imposible de antemano prever los pasos que un gobierno de los trabajadores tendría que tomar: salir del euro, controlar todo el sistema bancario, salir de la OTAN, parar la inflación, cortar la fuga de capitales, montar algún mecanismo, para procurarse los insumos necesarios para poner en marcha el país, etc. Siempre teniendo en cuenta que si esto pasara, la simpatía y solidaridad de los trabajadores de todo el mundo no dejaría de aparecer y se convertiría en una fuerte baza para el poder obrero griego. Como decía Lenin, “es imposible avanzar sin marchar hacia el socialismo” (“La catástrofe que nos amenaza y cómo combatirla”).
Nada de esto puede esperarse de Tsipras y su gobierno. Como el suyo no es sólo un gobierno burgués de Frente Popular, comprometido a salvar al capitalismo, sino también un gobierno delegado de la Troika para aplicar el plan de ajuste, es inevitable que se convierta en un gobierno represor contra las movilizaciones revolucionarias que inevitablemente se van a dar. El día 15, cuando hubo huelga general del sector público, la policía antidisturbios atacó brutalmente una manifestación en la plaza Syntagma. Tres detenidos, dos de ellos, un maestro y un dependiente de librería, ambos dirigentes sindicales, son militantes de la OKDE-Spartakos. Y lo siguiente es previsible: la calumnia en los medios de comunicación contra la oposición revolucionaria irá paralela a la represión selectiva. Porque todos, desde Tusk a Tsipras, se dan cuenta del peligro de que la situación evolucione de un modo revolucionario.
Pero de este modo, Tsipras y Syriza se convertirán en cómplices de una posible evolución fascista de la situación. Porque no se puede engañar gratutitamente a la gente. Aunque las encuestas siguen hablando de un gran apoyo a Syriza, es inevitable la ruptura popular de masas, ante la desilusión por el engaño y las penalidades que promete el nuevo plan de ajuste. Y si no hay una alternativa obrera revolucionaria, los nazis podrían recoger este descontento.

Escarmentar en cabeza ajena: IU, Podemos. Ahora en Común, Compromís, Anticapitalistas...
Mientras esto ocurre, en España el debate en la izquierda está dominado por una absurda discusión sobre si Podemos se tiene que presentar solo o con IU, que es en lo que se resume toda la palabrería de Ahora en Común. Como para las municipales, de lo que se discute no es de programa sino de puestos.
Pero todos tienen algo en común: todos encubren la traición de Syriza. Podemos, IU, Compromís, Equo, Ahora Madrid, todos apoyaron explícitamente al gobierno de Tsipras. Durante el referéndum, nos hartamos de ver a los portavoces de Podemos (incluyendo a Miguel Urbán, de Anticapitalistas, que pasó la campaña en Atenas) y a los de IU explicándonos que Tsipras le ha devuelto la palabra al pueblo, que la democracia vencía a los mercados, etc, etc. Bueno, ¿ahora qué? Porque Tsipras sólo le dio la palabra al pueblo para acto seguido hacer todo lo contrario.
Los reformistas (nuevos y viejos) no paran de hablarnos de la “ventana de oportunidad” que se abre en las próximas elecciones. ¡Ahora o nunca! Dicen que será la última oportunidad en mucho tiempo para derrotar a los partidos del régimen, al bipartito PP-PSOE. Pero lo sucedido en Grecia nos debe servir de lección. Quitar a PP-PSOE para poner un Iglesias-Tsipras cualquiera que le capitule a la Troika no tiene sentido. Los tiempos de la lucha de clases no son el calendario electoral. La situación ha empezado a moverse, pero todavía lo hace lentamente. Ya acelerará, conforme se vaya desarrollando la situación revolucionaria. La tarea de los revolucionarios proletarios es construir el partido comunista revolucionario internacionalista, indispensable para el triunfo de la revolución social.
Ese partido no se construirá sólo por la vía del crecimiento de alguna de las organizaciones ya existentes. Ni siquiera por la necesaria unificación de éstas. Hace falta la confluencia con los los nuevos sectores de masas que se incorporan a la lucha conforme se avanza hacia la revolución. Pero confundir este “movimiento real” con el neorreformismo es criminal. Porque estamos ya en la situación en la que este neorreformismo ya puede llegar al poder, en Grecia, mañana en España, quién sabe si a corto plazo en Francia, y no habrá que esperar décadas para que el verdadero contenido de su política quede claro para la mayoría. Y entonces, nada podría ser peor que los revolucionarios aparezcan ante las masas como el “ala izquierda” del neorreformismo en bancarrota en lugar de como su alternativa más decidida. Todavía hay tiempo. Mañana no será así.
Grupo de Comunistas Internacionalistas, 26/VII/2015

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